Lopez y Chapí
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equipex, reforma, rehabilitacion viviendas, decoracion, interiorismo, hogar y hostelería, equipamiento para el hogar - Villena
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2007-11-07 20:02:58
anonimo
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Ardo en deseos de conocer el primer encuentro entre Carlos y Paula, ¿quien rompera el hielo?
Viendo a Carlos tan cortado y Paula tan lanzada, se puede adivinar que sera Paula la que de el paso, pero quizás nos llevemos una sorpresa y Carlos en un arrebato de pasión, le de vía libre a sus sentimientos y acorrale a Paula.

Plinio has sabido salir airoso con tu gran imaginacion, de la situación comprometida del trio, incluyendo a una nueva protagonista, Marta.

Felicidades, ahora empieza una nueva era para Carlos, el adentrarse en el amor. Se nota que le falta experiencia, cometerá errores, ¿sabrá solucionarlos a tiempo?

Gracias por el correo, seguro que alguien se atreve a hacerte alguna que otra critica personal o "profesional" referente al texto o lo que gusten y eso resulta un gran aliciente para que tus ganas de escribir perduren y se superen.


Ademas creo sinceramente que alguien que expresa tan bien los sentimientos de las personas, merece ser conocido mas profundamente.

¿Quien sabe? igual estamos obteniendo la primicia de un futuro gran novelista.

Sigue asi... ANIMO.
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2007-11-07 20:11:59
Lauren
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Todos queremos mejorar, si deseas hacer algún comentario o idea sobre los textos, escríbeme a: plinio_carlitos@hotmail.com


Gracias Plinio, soy un chico que siente una gran aficion a escribir y leer, a traves de tu correo podremos intercambiar tecnicas para mejorar mis textos que no me atrevo a hacer publicos.

Enhorabuena por la historia estoy enganchado.
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2007-11-07 20:34:36
anonimo
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Esto me parece un remanso de paz, es muy agradable ver que sigue pasando, que no se acaba la cuerda, e incluso me sorpende por la dirección de correo y el mensaje para mejorar: realmente me parece estupendo. Gracias por todo, seguiré pendiente.
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2007-11-09 19:00:59
Lauren
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y la proxima entrega para cuando?????
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2007-11-09 20:17:45
anonimo
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yo no quiero agobiar, pero vamos... que entro a ver si hay nuevo, y espero que no se nos caiga el escenario, porque ya está muy montado, y tiene espectadores ansiosos de seguir la historia.
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2007-11-09 22:55:12
anonimo
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Yo tampoco lo pretendo, pero porfa...
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2007-11-10 11:27:16
Plinio
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Y (XII) 2ª

¡Loco!, loco iba Carlos desde que se decidió el viajecito a Málaga. En su estomago se concentraban miles de sensaciones al mismo tiempo, ¿Qué me pasará?, ¿Por qué algo tan normal, ¿normal? me tiene que poner de los nervios?, todo el mundo viaja y comparte momentos... sí, pero sin Paula.

¡Carlos estaba empezando a descubrir el amor!, esa clase de amor que nadie le explico... ni siquiera la abuela Rosario. Esas sensaciones que hasta el momento no habían siquiera existido, ¿por qué?. Porque nunca nuestro Carlos, había sentido el "enamoramiento", la atracción fatal que turba los pensamientos y las acciones mas corrientes, más simples. Él, que tanto estudiaba, tan curioso por todo, todo lo que le rodea y por todos. No, no alcanzaba a comprender el por qué de la necesidad imperiosa de tener que ver casi todos los minutos del día a Paula, y eso que compartían piso, pero, hasta el momento no había sentido celos de las llamadas al móvil que recibía continuamente ella, si quiera se pregunto casi en una año con quién quedaba o con quién iba en las salidas esporádicas que realizaba sin él y Enrique. Apenas sintió curiosidad por saber algo más de aquel u otro mozalbete normalmente "guaperas", que solían acompañar durante un buen trecho a ambos a la salida de la facultad. ¿Por qué de repente sí le importaba todo y todos?... por qué, por qué. Todo eran porqués.

Tenía que hacer algo, sus dudas y desconocimientos sobre sus propias sensaciones atormentaban a Carlos desde la conjura del viaje con Marta y Paula. Se había encendido una luz en su interior. Desde ese momento se fijaba en el más mínimo detalle de Paula; su forma de vestir, su peinado, sus poses, su forma de mirar, los ademanes, sus gustos mas insignificantes, ¡hasta en su pintura de labios!, pues Paula era de las que sin abusar de maquillajes, el toque coqueto en su justa medida formaba parte de su personalidad. ¡Qué descubrimiento!, todo lo que hasta este momento hacia Carlos con plena naturalidad junto a ella, ahora le producía rubores y cierta desconfianza y falta de seguridad en sí mismo. Incluso empezó a mirarse más en el espejo, y al igual que con referencia a ella, se autoanalizaba en sus formas y gustos en el vestir y en el cuidado personal. Siempre había sido aseado nuestro Carlos, -pero ahora -, tenia que perfilar mucho más cuidadosamente los pequeños detalles.

- Hablaré con Enrique, (pero pensará que soy un idiota), no me importa, necesito consejo, estoy hecho un lío, estoy nervioso, no es normal que al mirarla me parezca otra persona, si hemos compartido muchos momentos y charlas juntos. No lo entiendo, pero debo reconocer que la echo de menos en cuanto la pierdo un solo minuto, ¡en que lío me estoy metiendo!, seguro que ella solo me ve como a un simple compañero de piso y de universidad... -

Los pensamientos irracionales empezaban a bombardear a Carlos, se iba auto convenciendo, admitía de facto que estaba enamorado hasta las cachas, pero lo mas duro estaba por venir... ¿Qué pensaba Paula sobre él, mejor, qué sentía Paula por él?. El calvario estaba servido... pero Carlitos tomó una decisión, mejor, tomó dos. La primera hablar con Enrique (pues era un experto gentleman) él sabría aconsejarle bien. La segunda, aprovechar la estancia en Málaga (terreno neutral) para abordar sus sentimientos, seguro que tendría muchas oportunidades con Enrique y Marta sumidos en sus propios devaneos... ¡Ay el amor!... Carlos se había preparado para muchas cosas, pero con eventos como este, surgido de la nada y desde su propio interior... Carlos no contaba.








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2007-11-11 20:12:01
Greta
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Estoy convencida de que tienes verdaderas cualidades literarias.
¿No te interesaría montarte un blog, donde incluir variedad de historias, reflexiones, poesía? A lo mejor te descubre un caza-talentos y te conviertes en el primer novelista famoso de Novelda.

Tu relato me recuerda a el primer amor, todo dudas, inseguridad, castillos de arena que despues se quedan en nada, por ahí, hemos pasado todos, con mayor o menor suerte.
Por algo dicen que el primer amor nunca se olvida, tendemos a idealizarlo con los años y depende del momento, te sientes mas o menos nostálgico.
No obstante el pasado es pasado y lo importante es no desmerecer el presente y cultivar tu futuro para que de sus frutos.
Veremos cuan valiente es Carlitos y si sabrá superarse a si mismo.
Seria una lastima que se diera por vencido sin luchar, en este caso luchar por conseguir el amor de Paula.
¿Lo descubriremos pronto Plinio? Espero que si.
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2007-11-14 21:37:21
Plinio
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Y (XII) 3ª.


¡Qué maravilla!, Carlos no cabía en sí de gozo. Viernes, después de comer unas tapillas aquí, otras allá, todo ello acompañado por unas cañitas y algún chato, eso sí, Enrique ni probar sorbo de alcohol, él conduce, y es persona terriblemente responsable. Algo que para qué negarlo, los demás agradecen. Dentro de unos momentos carretera y manta?

C: - Desde luego, podemos sentirnos privilegiados, nunca podré olvidar estos momentos chicos; estudiamos en una reputada universidad, vivimos en una ciudad encantadora, y lo más importante: Yo personalmente, me siento enormemente orgulloso de contar con vuestra amistad, de verdad, es para mí lo más importante. ?

De nuevo volvió el azoramiento al rostro de Carlos, pues en la frase referida a la amistad, no pudo reprimir el mirar a Paula, mirada contestada por ella con una breve pero intensa sonrisa. Eso fue lo que descolocó a Carlos, ¡una vez más!. Ciertamente no daba pie con bola? y lo mejor estaba por venir.

E: - Ay Carlitos, no sé, no sé, pero últimamente te encuentro más emotivo de lo habitual, ¡que ya es decir!. ¿Acaso te has enamorado y no me has dicho nada?, ¡pájaro!. ?

Lo que faltaba. Carlos no tuvo tiempo ni encontró el momento para realizar la primera de sus decisiones -¡Hablar con Enrique, para pedirle consejo!, y ahí estaba Enrique con su proverbial locuacidad y sentido de la oportunidad. ¡Mecachis!... ¿y ahora qué?, ¿como salir de este atolladero?. Todo en la vida puede empeorar, para eso está la ley de Murphi.

P: - ¡Carlos, no me digas!, ¡Enrique, sabías tú algo y no me lo has dicho, pero bueno, que clase de compañeros de piso tengo!, Carlitos, cuenta, cuenta. No voy a permitir que no me des pelos y señales durante el viaje. ¡Pillín, que calladito que lo tenías, picaron!. ?

Ni que decir tiene, que a Carlos el ?chiringuito? se le vino abajo, y eso, antes siquiera de empezar. Ahora, requeriría usar al cien por cien las dotes diplomáticas innatas de Carlos, a pesar de contar con tan solo diecinueve años, su impronta verbal y sus habilidades para reconducir situaciones eran proverbiales y muy aplaudidas en la universidad. Pero? aquí se trataba de amoríos, se trata de la persona que más importa en estos momentos a Carlos, ¡Se va a jugar el ser o no ser!, en su mente no aparece otra cosa que no sea Paula y sus encantos. ? Que no, que no. Me va a dar una patada a la primera de cambio, que metida de pata, ella ha reaccionado como si le importara un bledo, no ha hecho ni una mueca de desaprobación, es más, hasta se ha alegrado, qué desastre -. A Carlitos en ese momento, el viaje se le vino a bajo.

C: - Pero Enrique, ¿qué dices?. Acaso uno no puede agradecer de forma espontánea a sus amigos, precisamente eso, el recibir su propia amistad. Por eso tengo que estar enamorado, ¡vamos hombre!. Marta, Paula, no le hagáis caso al retorcido de Enrique, serás buena persona, pero un poco retorcido si lo eres, Enrique. -

De lo que Carlos no se daba cuenta, es de que la reacción de Paula, era impostada, como mujer, sabía perfectamente jugar sus armas, y cada movimiento, y más conociendo a Carlos que por otra parte era transparente como él solo, Paula disfrutaba con un juego que en realidad, había comenzado prácticamente, desde que lo conoció. Sin duda, Paula estaba dispuesta a que Carlos, sudase la camiseta, y ella, tenía en sus manos el entrenamiento a infligir al inocente de Carlitos. Ahora, mientras él se devanaba los sesos para que no se le viese la jugada, su jugada. Paula disfrutaría con las pruebas a superar por parte del pupilo que se había arrogado para ella solita, claro, todo ello, sin tener ni idea el pupilo, de serlo y de quién.


M: - ¡Muchachos!, todos al coche, vamos a recorrer mi tierra, y os prometo que no vais a arrepentiros... Vamos...

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2007-11-14 21:51:39
anonimo
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Joroba... que nos vuelve a dejar con la miel en la boca... Estas entregas tienen su aquél, porque es como leer una novela a plazos, encontrando cada semana un fascículo independiente y suficiente por sí mismo, pero ligado a lo anterior, y sin desmejorarlo, aún añade más leña a este fuego. Me encanta leerlo, y la forma de remover las entrañas es hábil y de lo más sugerente, porque lo consigue. Gracias otra vez. Deberías plantearte lo de escribir en serio.
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2007-11-16 18:32:11
Plinio
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Y (XII) 4ª.

Ya en marcha, camino de la Málaga natal de Marta. Cada uno de ellos ensimismado en sus propios pensamientos. Para Enrique, ya curtido en mil batallas amorosas, este viaje significaba el poder conocer las raíces de su actual pareja, una forma diferente de pasar el fin de semana. – Seguro que lo pasaremos bien, Marta tiene una personalidad absorbente, es capaz de hacer divertirse a un muerto. En el fondo me apetece compartir con Carlos y Paula estos momentos de relajación, alejados del mundillo universitario, sus libros, las clases y el continuo ir y venir de pensamientos que son tan “racionales”, que carecen de “alma”, es como repetirnos aquello que otros han pensado por nosotros para que lo sigamos a pies juntillas, sin poder añadir nuestro propio criterio - . Sin duda, Enrique había nacido para aquello que estaba estudiando: filosofía. Todo se lo cuestionaba, todo tenia o guardaba algo detrás, escondido, cosas que ocultaba el destino para poder ser descubiertas por él. Eso sí, tenía muy claro el que nada ni nadie, se interpondría en su camino, tal vez por eso, Marta era la cuarta compañera sentimental en tres años de carrera.

Por la cabeza de Marta, pasaba una y otra vez, el plan tan milimétricamente trazado por ella. – No puedo defraudarles, al fin y al cabo, he sido la impulsora de este viaje, además voy a ejercer de cicerone y lógicamente tratándose de mi tierra, debo de ser capaz de condensar en dos días todo aquello por lo que me siento tan orgullosa. Aparte claro está, de que los quiero mucho. A mi Enriquito por supuesto, pero me caen muy bien tanto Paula como Carlos. Carlitos que por cierto le veo cara de “pasmao” como decía Enrique. Para mí, este niño está hasta las cachas por Paula. ¡Eso es!, mi buena acción semanal será el crear y establecer los ambientes necesarios para que los dos puedan despertar lo que creo que hay. ¡Seguro que todo saldrá bien! - . El espíritu de Celestina, había despertado en el interior de Marta. Como mujer, su sexto sentido sobre los hombres había funcionado a la perfección, por lo menos con Carlos. Con Paula, persona que sabía perfectamente como nadar y guardar la ropa, le era más difícil detectar lo que sí creía ver en Carlos. Paula y ella se conocían, pero no lo suficiente para intercambiar “secretos de amores”. En el fondo, esperaba que durante el corto viaje se corriesen los tupidos velos existentes entre ellos y que todavía era incapaz de traslucir.

Carlitos, ay Carlitos… era en si mismo una madeja de nervios, la cosa iba a peor, él, tan seguro en las argumentaciones de los temas que creía dominar. Ahora, simplemente se sentía un pelele, pelele en manos y al capricho del destino. Inseguro, trastabillándose en cada momento, cuando no hace tanto era capaz de aseverar delante de “ella” cualquier cosa y sobre cualquier tema. ¿Cómo era posible?, ¿por qué se sentía como un guiñapo?, ¿por qué, esa sensación de vulnerabilidad absoluta?, si solo con el hecho de sentirla a pocos centímetros en el asiento posterior del coche, ¡ya lo hacía temblar!. Indisimuladamente, miraba de reojo las piernas y manos de Paula, ya que era incapaz de atisbar nada de cintura para arriba. Paula en esos momentos se encontraba absorta mirando por la ventilla del coche el paisaje que comenzaba a cambiar durante el descenso entre montañas una vez pasado Río Frío; y ya enfilando cuesta abajo la capital malacitana.

P: (en sus pensamientos) - ¡Nada!, que me va a tocar despabilar al niño. Reconozco que precisamente, ese es uno de los rasgos que más me desesperan de Carlos, pero al tiempo, de los que más me gusta y atraen de él. ¡Está claro que yo le atraigo, pero me da rabia el ver que cuando creo que va a arrancarse, se me viene a bajo, y eso me tiene destrozadita los nervios… me pone a cien. ¡No!, no voy a consentir el ponérselo tan fácil, se lo tiene que ganar él, ¿o acaso es una estrategia para tenerme en ascuas?, no, a mi no podría engañarme. ¡Pero hay que ser pavo!, mira que le he dado pistas para demostrarle que me hace tilín, mira que lo he puesto en guardia cuando he salido con otros chicos para ver su reacción, y nada, - muy bien Paula, que te diviertas con ese nuevo amigo, yo me quedo aquí estudiando. Si te apetece y si no vienes a las tantas, charlaremos de alguna materia sobre la que tengas dudas - . ¡Será memo!, y yo toda la tarde aguantando al pelma-pulpo de turno, echándole de menos, queriendo y deseando compartir cosas fuera de la facultad con él… - si no vienes a las tantas… - Hay que ver los hombres que tarugos que son en muchas ocasiones, sobre todo, en el arte del que más suelen presumir todos… ¡No saben de la misa a la mitad!.

Está claro, de que si pudiésemos advertir a Carlitos sobre los sentimientos reales de Paula hacia él, le ahorraríamos un montón de quebraderos de cabeza al muchacho, pero esa, precisamente es la grandeza del amor, tal vez, la etapa más maravillosa de un romance: Las dudas, los estímulos nada claros, las percepciones inequívocas, que al minuto se transforman en equívocas, los sueños creados en plena vigilia, las eternas conversaciones “casi perfectas” llevadas a cabo en un interminable monólogo en el que disponemos de doble papel; esas miradas que contienen en compresión, todo un mensaje de intenciones. En definitiva, todo lo que hace crecer a nuestro interior, y que cuando llega el momento, explota en su más amplio sentido literal. En esa magia interna y que muchas veces guardamos con absoluta infantilidad, tal vez en esto, se encuentre el verdadero sentido de la vida, que tantas y tantas veces buscamos fuera, sin caer en que el tesoro lo tenemos dentro, eso sí, con inmensas ganas de compartirlo.

M: - ¡Mirad!, eh, chicos, allá abajo… mi Málaga querida…






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2007-11-17 18:41:56
Plinio
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Y (XII) 5ª.

18 h: del mismo día, Hotel Meliá Torremolinos, playa de la Carihuela, paseo marítimo.

Enrique y Marta caminan unos pasos adelantados, Paula y Carlos les siguen a pocos metros.

C: - Hay que ver, qué tranquilidad se respira ahora, parece mentira que dentro de unos meses esto esté a rebosar con gente de aquí para allá, gente ociosa, sin tener mayor obligación que la de tomar el sol, leer, y ponerse las botas de cerveza y pescadito frito. ¿Verdad Paula? -.

P: - Vaya Carlos, te han sobrado palabras para decirme ¿qué buen tiempo hace, verdad Paula?.

C: - No seas mala, tan solo expreso el sentimiento que tengo en estos momentos, ¿acaso quieres hablar de algún tema en concreto? –

P: - ¿Ah si?, y eso es lo único que se te ocurre con respecto a tus sentimientos?

El derechazo inflingido por Paula llegó directamente al rostro de Carlos dejándole totalmente grogui.

C: - Sabes perfectamente cuales son mis sentimientos con respecto al mundo que nos ha tocado vivir… conoces de sobra lo que… -

Paula una vez más interrumpe a Carlos secamente, está cansada de rodeos y evasivas por parte de él. Siempre que ha intentando sonsacar sentimientos íntimos de Carlos, ha conseguido darle la vuelta al tema con generalidades y pensamientos políticos de los que Paula estaba más que harta. ¡Ya tenía bastante con las clases de la facultad!.

P: - ¡Claro que conozco de sobra todo aquello que respecta al gobierno, al clima, a la insolidaridad que vivimos, sé de antemano lo que vas a decir, me lo has repetido un millón de veces en los almuerzos y en el piso!. Me refiero a tus sentimientos íntimos sobre el amor, las mujeres, la mujer en concreto de la cual estás enamorado. ¡A esa clase de sentimientos!, no me has contado nada en la hora y media que ha durado el viaje, y creo, al menos, eso creo, que soy tu mejor amiga… ¿NO?, y me merezco el saber por quién tiemblan tus piernas, con quién haces el amor en sueños. ¿O acaso no te gustan las mujeres?, nunca me hablas de ello, solo del país, del mundo, de políticos y demás familia -

Un silencio que dura unos cuantos segundos y que sin embargo parecen una eternidad.

C: - Jolin Paula, nunca me habías hablado así, ¿qué te pasa?, acaso te has disgustado con Pablo, ¿se ha enfadado porque te has venido a Málaga con nosotros? –

P: - Pero, pero, serás… ¿quién te ha dicho que Pablo sea algo con respecto a mi?, ese, ese es un manos largas que me toca soportar por que tú no quieres venir conmigo a ninguna parte si no es con Enrique y Marta, y tú, tú, eres, eres, eres de lo que no hay –

En ese mismo instante apretó Paula el paso para alcanzar a Marta y Enrique, al alcanzarlos, los dos, al unísono preguntaron – Pero qué pasa Paula, estás enrojecida, ¡vaya mirada!, ¿Ha pasado algo?, ¡Carlos!, ¿que le has dicho a Paula?... Eso, eso mismo era lo malo… ¡Que Carlos no le había dicho ni hecho nada a Paula!.

Más claro, agua. Carlos había vuelto a desaprovechar una oportunidad de oro, su actitud indolente enervaba los nervios de Paula, ella quería, necesitaba a pesar de ser una mujer actual, un detalle, una brizna siquiera de interés por parte del elemento masculino. Ser igualitarios estaba muy bien, la paridad, también estaba muy bien, pero en el fondo, Paula como muchas anteriores generaciones, soñaba y deseaba la aparición en forma de “príncipe azul” de un hombre con mayúsculas, con su gallardía, elegancia y el romanticismo de las películas de Sisí emperatriz. Por lo menos a la hora de una declaración de amor en toda regla. Carlitos lo tenía casi todo: guapo, porte, inteligencia, respeto (demasiado para Paula), en fin, casi todo. Acaso lo que le sobraba era timidez e inocencia, y por que no decirlo le faltaba algo o mucho de autoestima.

En esos momentos Enrique y Marta se dieron cuenta de la verdadera situación, por tanto, era el momento de reagrupar los pedacitos de la debacle, cada pieza en su lugar, esto para poder unir la pieza quebrada, que no rota.

E: - ¡Coño Carlos!, pero no te das cuenta -

C: - ¿De qué?, le he dicho algo malo -

E: - Será posible, ¿pero acaso no ves de que está coladita por ti, y que tu no le haces ni puñetero caso? –

C: ¿Cómo?, si soy yo el que bebe sus vientos, si quería hablar contigo para que me aconsejaras, pero no pude, tengo hasta escrito un poema inspirado en ella, pero que me daba vergüenza mostrarle por si se reía de mi.

E: ¡Vaya tela!, pedazo de inocentón que estás hecho, no sé como no he caído antes, si es que eres el tío mas retraído que me he tirado a la cara. Anda, anda, ahora espera a la hora de la cena y en los postres dile que quieres hablar con ella, y Carlos, no lo dudes y dale el poema… por muy cursi que sea, que ya me lo imagino, verás como hasta aparece la luna para echarte un cable… ¡Don Juan, que estás hecho un Don Juan!... Madre mía si fuese yo…

Así, refunfuñando entre dientes se acerco de nuevo Enrique a las dos mujeres, las cuales habían escrutado la situación creada y se mondaban de risa en silencio para no zaherir los sentimientos del “Don Juan” mudo encarnado por Carlos. Pero bueno, no hay mal que por bien no venga. La situación sirvió para allanar el camino del sufrido enamorado, ahora debía volver a arreglar los muebles internos y preparar el momento cumbre de su vida, por supuesto con poema incluido, así lo marcaba el guión desde ese momento…
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2007-11-19 17:10:14
anonimo
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esas mariposas en el estómago... a ver si leemos el poema.
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2007-11-20 20:25:04
Plinio
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Y (XIII)

LOS GOLPES DE LA VIDA

Una tarde azarosa, repleta de pequeñas sorpresas, la vida misma, la eclosión del amor en su estado puro. Una escaramuza amorosa que debía tener su punto y seguido al acabar la cena, el momento álgido de la expresión de un sentimiento, sentimiento sincero, puro, y sentido, muy sentido... pero la noche iba a derivar en un luctuoso suceso, iba a inferir a Carlos el mayor golpe recibido en su corta existencia, algo que le llegaría a lo más profundo del alma.

Carlos se sentía muy nervioso durante la cena, el pequeño "percance" con Paula, al fin y al cabo no era tan negativo, pues prácticamente había sido ella la que de facto le declaró su interés por él, pero tuvo que ser Enrique quien le abriera los ojos ante la situación creada. Lo que estaba claro, es que debía ser él, el hombre, quien a pesar de la nueva mentalidad y de los avances en materia de igualdad entre hombre y mujer, seguía siendo el llamado a realizar una declaración en toda regla, tenía que asumir el peso del primer paso.

No paraba de darle vueltas al asunto, sin embargo, sentía un pequeño resquemor, algo le hacía sentirse extrañamente inquieto, era como si presintiera algo, y precisamente; algo no muy bueno.

P: - Carlos, no te enfades conmigo, ha sido una reacción pueril, ando algo alterada últimamente a causa de los próximos exámenes, no quiero romper el magnífico ambiente y la camaradería que estamos compartiendo -

Paula lógicamente quería restablecer el punto cero, tranquilizarlo y dar una nueva oportunidad para que pudiera retomar la iniciativa e iniciar por motu propio el asalto definitivo que ella esperaba con ansiedad, siendo él, desconocedor por completo de los verdaderos sentimientos de Paula.

C: - Me vais a disculpar un momento, tengo una llamada en el móvil, debe ser mi madre o mi abuela Rosario -

Como persona respetuosa, siempre que se encontraba acompañado, ponía en silencio el teléfono, no lo apagaba nunca a esas horas, pues su abuela solía llamarlo todos los días, siempre, desde que se traslado a Granada, y para Carlitos era uno de los mejores momentos del día junto a los que pasaba en compañía de su amada, amada en la soledad, en el silencio... ¿hasta dentro de un rato?. En ese momento se desplazo a un aparte para contestar a la llamada.

- ¿Dígame?, ? se hizo el silencio durante unos eternos segundos al otro lado de la línea. Era su padre, sollozando, intento en los primeros momentos hablar a Carlos con normalidad, pues era consciente de la impresión y el desconsuelo que iba a provocar a su hijo el mensaje que debía darle, eso, siendo él, Carlos padre, el primer afectado por la tragedia ocurrida: - Carlitos, hijo, ella siempre te preparó para lo que te voy a decir, debes ser todo un hombre y asumirlo con total entereza, Carlos, la abuela Rosario; ha muerto, ésta misma tarde nos ha dejado, tenía que decírtelo enseguida, pues sé lo mucho que la querías. Siento romperte el viaje, pero debía decírtelo inmediatamente - Un inmenso escalofrío recorrió el cuerpo de Carlos, un mazazo, de pronto, una espiral de recuerdos e imágenes con el rostro de Rosario se amontonaban en la mente del joven, un caudal de lágrimas heladas recorrían el rostro, y la mano que sujetaba el teléfono se puso a temblar de forma compulsiva, quedó blanco, desolado, roto en mil pedazos. Desde la mesa, sus amigos fueron testigos de la situación. Paula, de inmediato, trato de reaccionar, pero intuyó lo que pasaba, y espero unos momentos siguiendo su reacción.

De forma abrupta, Carlos salió del restaurante sin mediar palabra alguna. Como un resorte Paula se levantó y salió tras él... - Carlos, Carlos...
Se quedó observándolo. De espaldas, Carlos miraba al infinito con el mar de fondo, la noche era estrellada, la luna relucía en su plenitud, se cumplió lo que auguró Enrique, la luna no falto a la cita, sólo que la cita era para haber sido testigo de otro tipo de sentimientos. Lloraba en silencio, Paula lo conocía bien, pues con total discreción y desde que lo conociera, se interesó de todo y por todo lo que aquél jovenzuelo de provincias, nervioso y sediento de experiencias deseaba experimentar, ella lo quería con toda su alma, desde el primer instante, y tomo la decisión de acompañarlo desde la prudencia, siempre que él se lo permitiera. Era sabedora de que Carlos sentía exactamente lo mismo por ella, al igual que conocía de sobra su timidez con el sexo opuesto, pero su ilusión se basaba en que ?su príncipe azul? tarde o temprano daría el paso de desplegar su capa, para una vez arrodillado ante la princesa y mirándola de abajo a arriba con sus manos entrelazadas..." le declarase amor eterno". Ese momento por ahora se había truncado, tenía que esperar. Después de unos momentos, Paula se acerco por detrás, lo cogió por la cintura, en silencio, y sin mediar palabra alguna, acompaño a Carlos en uno de los momentos, sino el peor, de su vida... casi se lo dijeron todo sin una sola palabra, pero Carlos tenía que exteriorizar y contarle muchas cosas...










+16 dar voz quitar voz eliminar
2007-11-21 17:20:46
anonimo
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¡Seguimos con la miel en la boca!... Menudo golpe para Carlos, era en lo último que podría haber pensado para estropearle la noche, menos mal que Paula estaba ahí, y seguro que servirá de apoyo y le dará un buen empujón, aunque no esté ahora para muchos tutes. Lo de la abuela Rosario es algo que tenía que pasar aluguna vez, pero nunca estaremos preparados para estas cosas, por mucho que lo hayamos previsto, y de veras que lo siento, sinceramente... porque la descripción que haces de cómo suelen pasar estas cosas es genial, realmente consigues meterme dentro de la historia que cuentas. Seguiré esperando el resto.
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